Diferencias de género al momento de emprender

Un elemento que caracteriza al emprendimiento femenino y que visibiliza las brechas de género existentes, es que en general no generan empleo, sino más bien solo permiten la subsistencia de la emprendedora.

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Las acepciones de la palabra desigualdad implican que existen diferenciales entre dos o más elementos conducentes a condiciones de inequidad. En materia laboral, la desigualdad se expresa en diferencias de prestigio, calidad, salarios, compensaciones, entre otras características del empleo, y que a su vez contribuyen a estratificar aún más la sociedad. Algo similar ocurre entre la desigualdad de género y la desigualdad laboral.

Alina-Muñoz-U-San-SebastiánSi bien el Estado de Chile garantiza el acceso igualitario a la educación tanto para mujeres como para hombres, “algo sucede” que mujeres y hombres no tienen las mismas oportunidades de acceso al trabajo, empleándose en oficios y profesiones diferenciadas, recibiendo remuneraciones y salarios también diferenciados, que a su vez contribuyen a reproducir y perpetuar aún más las desigualdades de género. En este sentido, el emprendimiento, como fuente de empleo y desarrollo laboral, tampoco está exento de estas desigualdades.

Una emprendedora o un emprendedor potencial constituye su motor de desarrollo basado en las oportunidades, los conocimientos y las habilidades que posee. En ese sentido, variables como género, edad y la industria a la cual aspira incorporar su negocio se tornan relevantes. De este modo, los emprendimientos femeninos son más bien una extensión de los roles de género y una reproducción de los conocimientos ya instalados, razón por la cual es bastante común encontrar a las emprendedoras ligadas a las industrias de alimentación y servicios.

Los emprendimientos femeninos son más bien una extensión de los roles de género y una reproducción de los conocimientos ya instalados.

Necesidad u oportunidad

Por otro lado, cuando se habla del origen del emprendimiento existen dos tipos: por necesidad o por oportunidad, y en ello también podemos ver una manifestación de la desigualdad y las brechas de género.

El emprendimiento por necesidad es aquel emprendimiento que surge motivado por la falta de trabajo, de ingresos económicos o por insatisfacción con las alternativas laborales disponibles; y el emprendimiento por oportunidad es el que está motivado por una idea de negocio, es decir, aquel en que emprendedores buscan aprovechar una oportunidad empresarial previamente detectada.

Para la región del Biobío, un 40% de los emprendimientos femeninos existentes están originados por necesidad, versus el 20% de los emprendimientos masculinos. Con ello, podemos ver que las razones que dan origen al emprendimiento también se sostienen sobre diferenciales de género. En la región del Biobío, el 50% de las mujeres emprendedoras solo tiene estudios de nivel escolar.

Podemos ver que las razones que dan origen al emprendimiento también se sostienen sobre diferenciales de género.

Extensión del rol doméstico

Otro elemento que caracteriza al emprendimiento femenino, y que visibiliza las brechas de género existentes, es que en general no son emprendimientos que generen empleo, sino más bien permiten a la emprendedora subsistir. Según datos entregados por la GEM (Global Entrepreneurship Monitor 2017), un 50% de los emprendimientos femeninos no cuentan con trabajadores contratados, versus el 26% de los emprendimientos masculinos. Es decir, son monoemprendimientos, donde la producción, administración, distribución, control del negocio, etc., quedan a cargo de la propia emprendedora.

En este sentido, y en relación al rendimiento del negocio, los principales obstáculos se sitúan, nuevamente en razones de género. Los resultados de la GEM indican a la familia como el principal obstáculo para el desarrollo de emprendimientos exitosos, como ya hemos dicho, ha sido la forma en que concebimos los roles de género, los que no permiten que las mujeres desarrollen sus emprendimientos de manera autónoma, sino más bien como una extensión de las labores domésticas y de cuidados o que, en el mejor de los casos, los desarrollen en los tiempos libres que les entrega el trabajo al interior del hogar.

Es crucial promover y consolidar políticas públicas que se orienten a la búsqueda de equilibrar las experiencias del mundo doméstico y el mundo del trabajo.

El desafío

Diversas instituciones, nacionales e internacionales, lo han dicho: es crucial promover y consolidar políticas públicas que se orienten a la búsqueda de equilibrar las experiencias del mundo doméstico y el mundo del trabajo, entendiendo que ambas dimensiones son fundamentales en el desarrollo de las personas y el alcance de la igualdad de un país.

El desafío de las políticas públicas, entonces, se sitúa en promover prácticas laborales, desde un enfoque de género, pero que además impacten sobre la vida cotidiana, íntima y familiar de mujeres y hombres. Políticas públicas que cuenten con una visión integral del sistema de relaciones sociales, y una fluida coordinación entre los diferentes organismos públicos y privados, actores, instituciones, organizaciones, además de prolijas y constantes regulaciones que permitan reducir cada vez más la desigualdad.

Alina Muñoz Rojas
Académica de Ingeniería Comercial
Universidad San Sebastián

Vea el artículo en Diario Concepción

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